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10 de marzo de 2010

La Columna del Serrano: Aunque no nos guste, una vez más el tema

Por Walter "Serrano" Abella

No hace muchos días atrás, finalizó la Expo Ovina en el local Conventos, organizada por la Sociedad Agropecuaria de Cero Largo. No quiero hablar ahora, aquí, de los números de la expo, que los interesados ya conocen, la calidad de la muestra, que fue realmente sensacional, ni ingresar a la temática de que hoy como nunca, carne y lana ovina están empujando decididamente a que vuelva a ser, ese rubro, de la importancia tal, que como en antiguos tiempos sirva realmente a la economía del mediano y del pequeño productor.
Tomo otro tema hoy: estando de licencia, fuimos a dar una mano en la cobertura de la audición ese día por razones personales. Esto motivó que nos encontráramos - como siempre pasa en las exposiciones - con una cantidad importante de gente que viaja desde otros lugares lejanos de la geografía nacional a Melo.

Tres temas recurrentes ocuparon fundamentalmente la agenda de estos esporádicos encuentros.
1) El gobierno nacional cambiaba el 1º de marzo y en algunos existe desazón. En otros esperanza y en otros simplemente expectativa.
2) Las visitas no dejan de destacar – lo que nos congratula – la majestuosidad, belleza y buenos cuidados que ostenta el local Conventos. No sé si en el país existe un local igual. Está diseñado, armado, respetado, para ser el mejor del país.
3) Ahora bien, los que con nosotros hablaban - como ya citamos -, provenían de lejanos parajes del escenario nacional: había gente de Florida, Lavalleja, Treinta y Tres, Paysandú, Salto, Mercedes, Rivera, Tacuarembó, etc. Estos cabañeros estaban todos instalados en los locales céntricos de Melo, recordándonos de paso la importancia de éstos eventos, que no se circunscriben sólo a quienes están interesados en las ovejas y los carneros.
Como siempre, se abre, a través de la producción, una cantidad de interesantísimas propuestas que tocan los más variados estamentos de la economía nacional. La muestra que puede ser definida solo como de un interés agropecuario traspasa esa zona y toca hotelería, restaurantes, vida social de la comunidad melense.

¿Y cuál era este tercer tema que a las delegaciones visitantes les sorprendía de Cerro Largo?
Estábamos en Carnaval, por lluvia se había suspendido el corso esa noche, es decir, era un fin de semana, nada más, como todos los fines de semana de Melo. ¡Nadie había podido dormir! Las motos y los autos, con sus caños de escape libres y roncadores puestos a propósito, se encargaron de que fuera así. Todos sorprendidos nos manifestaban perplejos cómo nos hemos resignado a esa situación y como, una ciudad como Melo, carece de la preocupación de las autoridades que teniendo en manos esa responsabilidad, no cumplen con ella.

¿Qué celebramos? Lo que nos regocija y nos inunda el alma, los conceptuosos comentarios referentes a la muestra ovina en sí, al local Conventos, a la buena manera con que le reciben en la Agropecuaria de Cerro Largo, o este bochorno que enluta cualquiera de estas buenas realidades, llenándolas de sombras, que es la anarquía absoluta del tránsito de Melo.
¿Será tan difícil solucionar el tema?
¿Ante un nuevo gobierno a nivel nacional, que siembra expectativas, de lineamientos de mucho mayor calibre, debemos bajar los brazos acá en Cerro Largo, porque a algún grupito, como a la mayoría de ellos adolescentes, han decidido “copar” las noches?
¿No tendremos los vecinos otras vías para exigir que esto termine?
¿Tendremos que seguir leyendo la sorpresa de aquellos que nos visitan ante aquello que consideran una resignación inexplicable del derecho ciudadano?
Es bueno que esto cambie, y es bueno que entendamos que no debe ser más así. Naturalmente, cuando se caen las responsabilidades de quienes deben manejarlas, en la vía democrática, hay un solo camino: que el pueblo termine por exigirlas.

26 de febrero de 2010

La Columna del Serrano: Síntomas alentadores

Por Walter Abella

Como somos de los que pensamos (aparte de que los números lo reconozcan y la gente y los gobiernos no) que la económica de este país, su columna vertebral, tiene los reflejos impregnados por la actividad agropecuaria, nos regocijamos ante una serie de pautas, que están indicando, que el campo asoma de la crisis internacional y la seca que lo golpeó duramente, con otra cara en el 2010.
El país ha transformado su estructura agropecuaria. Nada tiene que ver este campo con el de hace 42 años, cuando un 21 de junio iniciamos nuestra tarea en “La Hora del Campo”. No es para analizar si mejor o peor, sencillamente es para señalar que es diferente.
Ya los ramalazos de producción no llegan en la brisa perezosa con que un día los Eslín en la 3ª de Treinta y Tres, a “ pata de buey”, comenzaron a plantar el arroz - cultivo profano por entonces – midiendo con lentitud cada paso que se daba y celosos de los cambios que se pudieran efectuar en el medio ambiente, en la virginidad de la tierra que seguía esperando una explotación adecuada, en los tiempos diabólicamente febriles de la agricultura que hacían trizas la quietud bucólica de una ganadería de los tiempos de Hernandarias.
Hoy hay casi un millón de hectáreas plantadas de árboles. Que llegaron a instalarse en el país con la rapidez con que uno elabora un tablón de perejil. Están ahí y detrás de ellos hay sueños de economías sólidas y desvelos de preocupaciones ambientales. Están ahí.
La agricultura desató su vendaval con la misma fiereza con que uno debe afrontar a brazo partido la fuerza de la corriente cuando el río se lo lleva y está lejos de la orilla. Había que nadar y eso hicieron.
El monocultivo de la soja, salta, estalla, golpea furiosamente la cara del país ganadero. Viene de mano de las multinacionales, de productores extranjeros que no encontraron campo propicio en su propio país. Y la vorágine de la agricultura es eso: carrera contra el tiempo y contra todo. Rentabilidad, eficiencia, productiva.
Pero no mengua la tierra con la propuesta arrocera. Y “hete aquí” - como decía un conocido Senador de la República -, que el trigo multiplica miles y miles de has plantadas y crece la cebada y crece el sorgo y crece todo lo que pueda tener capacidad de retorno económico. No tenemos las cuentas claras pero hay dos millones o más de has plantadas de éstos y otros cultivos.
Esta tierra se le quitó a la ganadería y de la mano de forestación y agricultura llegaron otros valores de nuestros suelos y otros valores en nuestras rentas y otros valores en nuestros pastoreos que constriñeron las posibilidades del productor pecuario.
Nadie, increíblemente, ha mirado el costo social que pagó el campo. Ante rentas imposibles de enfrentar adecuadamente con la ganadería, ante pastoreos imposibles de pagar con carne, los productores más pequeños del sector desaparecieron.
Desde las Instrucciones - que van a cumplir 200 años - las bocas, los discursos políticos de todo el espectro nacional, remarcaron un día sí y el otro también, que aspiraban lo que había día dicho el mejor de todos nosotros: “la campaña debe siempre progresar”, reclamando por los más desprotegidos, los más desvalidos y consciente de que había que poblar el campo. Hoy en día, es diferente. Nunca se concentró en tan pocas manos tanta tierra. Los que desaparecieron fueron los más infelices.
Pero el 2009 ha traído reluciente de esperanza, valores increíbles que superan los US$ 3.000 para la tonelada de carne ovina. Los lanares, fueron siempre el respaldo del productor pequeño y mediano. Supimos tener 26 millones de cabezas y no llegamos a ocho. Cuando teníamos no valía nada, cuando no tenemos vale oro, suele ser la estrategia del mercado. Pero son mejores también los precios de la carne vacuna, otros mercados del mundo abren sus fauces con apetito por todo lo que producimos. Peleamos duramente la batalla para lograr el ingreso de carne ovina con hueso a mercados de vital importancia. Los granos, la carne, la lana, en un mundo con hambre y frío, abren las perspectivas de un Uruguay con potenciales económicos desconocidos.
Ahora que el turismo, por primera vez suma cifras iguales a las de la carne, que era nuestra primer divisa. Ahora que los brazos no dan abasto para abastecer el mercado de servicio de las zonas costeras, ahora que toda la economía, increíblemente apenas despegada de la crisis del mundo viene en auge, sería bueno reflexionar: ¿los que desaparecieron del campo, los productores chicos que cayeron, “los más infelices”, no tendrán derecho a pensar cristianamente que pueden encontrar su patria nuevamente?
Esa patria que no es el Uruguay, que es la patria chica, que es el contorno, que son los árboles que plantamos, el agua que bebimos, la tierra que trabajamos, en fin… los terrones que nos cedió el abuelo y que alguna vez pisamos por vez primera…
¿No serán esos los más privilegiados?

24 de febrero de 2010

La Columna del Serrano: Tierra de nadie

Por Walter Abella

Otra vez estalla la discusión pública. Las gargantas quedan rojas de gritar, los puños crispados, la voz hiriente, recorren como un estallido simultáneo, en busca de soluciones que no llegan, la atención de la gente.
El tránsito en Melo no tiene solución. Mejor dicho tiene, pero evidentemente no es esta administración Barreiro la que va a lograr reordenarlo. Todo lo contrario. Esta ha sido la encargada, durante dos gobiernos consecutivos, de alentar a los “depredadores” de siempre, habilitar el “todo vale a ley de juego”, transformar en intocables “los muchachos” que tiran los silenciadores de las motos, que juegan picadas a cualquier hora de la noche sin respetar el descanso del vecino, que ingresan a contraflecha, que no respetan los semáforos, que cubren la matrícula con un buzo o un trapo, lo que les quede más cómodo, que no llevan el casco, desafiantes, que insultan a los inspectores, porque han encontrado enfrente la debilidad de quienes son los encargados de administrar las propias normas que representan.
Hace algunos días, la dirección de tránsito estableció un comunicado público, señalando que todos los ciudadanos propietarios de automóviles que tienen domicilio en Cerro Largo, y usan matrículas de otros departamentos, tenían plazo hasta el 31 de diciembre para regularizar su situación y que a partir del 1º de enero, plazo perimido, la Intendencia iba a controlar celosamente el estado de la situación. Eso decía la dirección de tránsito de la Intendencia Municipal. El Intendente, pocas horas antes que venciera el plazo, se encargó de decir otras cosas. Alertó por radio, con el beneplácito de los que infringen las normas, que la Intendencia “no perseguiría a nadie” por esa situación. ¡Vaya respuesta! ¿O el Cnel. Barreiro puede creer que está capacitado para señalar que en una situación determinada va a perseguir a algún ciudadano, como alguna vez lo hizo? No es eso lo que debe hacer ni lo que esperamos que haga. No es que persiga, es que actúe de acuerdo al ordenamiento que él mismo acaba de votar en el Congreso de Intendentes.
Hay algunos coches en Melo que se pasean displicentemente, en las narices de todos los inspectores de tránsito, hace siglos, y lo que es peor, ante quienes pagamos la matrícula cada vez que hay que hacerlo en el departamento; como dice Tomás Lynn, el columnista de Búsqueda, transformándonos en “los nabos de siempre”, y como decía la tía julia, siguen “hondos y lirondos”, paseándose por las calles de Melo. Si la Intendencia no va a cumplir con las obligaciones que tiene, que no amenace. ¿O hay que pensar que la amenaza está dirigida a los más débiles, a los que por alguna razón fortuita hace algún tiempo escaso que transitan con algún vehículo que compraron por ocasión y que está empadronado en otro departamento y no han podido realizar el trámite correspondiente?.
La gente espera que algún día, aunque suene a utopía, se terminen los privilegiados de siempre, y que los organismos que están para hacer cumplir las leyes, no tiemblen de miedo, y se responsabilicen en el control de las mismas. Porque debería ser así, porque obligaciones y derechos reclaman que sea así. Pero sobre todo, por aquello que también decía la vieja tía: “la ley pareja no es rigurosa”.