Por Walter "Serrano" Abella
No hace muchos días atrás, finalizó la Expo Ovina en el local Conventos, organizada por la Sociedad Agropecuaria de Cero Largo. No quiero hablar ahora, aquí, de los números de la expo, que los interesados ya conocen, la calidad de la muestra, que fue realmente sensacional, ni ingresar a la temática de que hoy como nunca, carne y lana ovina están empujando decididamente a que vuelva a ser, ese rubro, de la importancia tal, que como en antiguos tiempos sirva realmente a la economía del mediano y del pequeño productor.
Tomo otro tema hoy: estando de licencia, fuimos a dar una mano en la cobertura de la audición ese día por razones personales. Esto motivó que nos encontráramos - como siempre pasa en las exposiciones - con una cantidad importante de gente que viaja desde otros lugares lejanos de la geografía nacional a Melo.
Tres temas recurrentes ocuparon fundamentalmente la agenda de estos esporádicos encuentros.
1) El gobierno nacional cambiaba el 1º de marzo y en algunos existe desazón. En otros esperanza y en otros simplemente expectativa.
2) Las visitas no dejan de destacar – lo que nos congratula – la majestuosidad, belleza y buenos cuidados que ostenta el local Conventos. No sé si en el país existe un local igual. Está diseñado, armado, respetado, para ser el mejor del país.
3) Ahora bien, los que con nosotros hablaban - como ya citamos -, provenían de lejanos parajes del escenario nacional: había gente de Florida, Lavalleja, Treinta y Tres, Paysandú, Salto, Mercedes, Rivera, Tacuarembó, etc. Estos cabañeros estaban todos instalados en los locales céntricos de Melo, recordándonos de paso la importancia de éstos eventos, que no se circunscriben sólo a quienes están interesados en las ovejas y los carneros.
Como siempre, se abre, a través de la producción, una cantidad de interesantísimas propuestas que tocan los más variados estamentos de la economía nacional. La muestra que puede ser definida solo como de un interés agropecuario traspasa esa zona y toca hotelería, restaurantes, vida social de la comunidad melense.
¿Y cuál era este tercer tema que a las delegaciones visitantes les sorprendía de Cerro Largo?
Estábamos en Carnaval, por lluvia se había suspendido el corso esa noche, es decir, era un fin de semana, nada más, como todos los fines de semana de Melo. ¡Nadie había podido dormir! Las motos y los autos, con sus caños de escape libres y roncadores puestos a propósito, se encargaron de que fuera así. Todos sorprendidos nos manifestaban perplejos cómo nos hemos resignado a esa situación y como, una ciudad como Melo, carece de la preocupación de las autoridades que teniendo en manos esa responsabilidad, no cumplen con ella.
¿Qué celebramos? Lo que nos regocija y nos inunda el alma, los conceptuosos comentarios referentes a la muestra ovina en sí, al local Conventos, a la buena manera con que le reciben en la Agropecuaria de Cerro Largo, o este bochorno que enluta cualquiera de estas buenas realidades, llenándolas de sombras, que es la anarquía absoluta del tránsito de Melo.
¿Será tan difícil solucionar el tema?
¿Ante un nuevo gobierno a nivel nacional, que siembra expectativas, de lineamientos de mucho mayor calibre, debemos bajar los brazos acá en Cerro Largo, porque a algún grupito, como a la mayoría de ellos adolescentes, han decidido “copar” las noches?
¿No tendremos los vecinos otras vías para exigir que esto termine?
¿Tendremos que seguir leyendo la sorpresa de aquellos que nos visitan ante aquello que consideran una resignación inexplicable del derecho ciudadano?
Es bueno que esto cambie, y es bueno que entendamos que no debe ser más así. Naturalmente, cuando se caen las responsabilidades de quienes deben manejarlas, en la vía democrática, hay un solo camino: que el pueblo termine por exigirlas.
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10 de marzo de 2010
26 de febrero de 2010
Fotoeditorial: Sin respaldo moral
Por Juan Pablo Sánchez,
Director
Otra vez el uso del casco amerita que ocupemos este espacio de opinión haciendo referencia al mismo, como lo hicimos por última vez en la edición de febrero de 2008, un mes después que la Intendencia de Cerro Largo comenzara los estrictos controles al respecto cumpliendo con una norma nacional.
En aquel entonces, la movida a nivel popular fue general, con cientos de personas comprando cascos (de los buenos y de los otros) para cuidar su vida o para simplemente evitar la multa (opción mayoritaria). El descontento con la ley era generalizado y la discusión se remitía a la constitucionalidad de la medida, el derecho de la persona a ser quien cuida su vida conscientemente usando el casco o no… y de salvar vidas no hablaba casi nadie.
Casi dos años después, cuando parecía que a pura multa “a cara de perro” y con el aún descontento popular se había impuesto el uso del casco en buena parte de nuestra población, con la bandera de las elecciones flameando en el horizonte la Intendencia decidió “aflojar las riendas” y dejar de multar a los motociclistas únicamente por no andar de casco. ¿Las razones? El ciudadano es responsable de lo que hace y sí se lo multaría por no usar el dispositivo en casco que se lo “pesque” cometiendo otra infracción… ahí sí facturaría doble el inspector.
¿Resultados de esta “brillante” maniobra que pretende no enojar contribuyentes de cara a las elecciones de mayo? Retrocedimos los pocos casilleros que habíamos forzosamente avanzado en este par de años y quedamos no en cero, sino que más atrás, ya que ahora la credibilidad que tiene la Intendencia a la hora de controlar o multar es casi nula.
¿Por qué? Porque es totalmente inmoral que un organismo de control decida hacer cumplir las normas cuando le parece y dejar de hacerlo cuando le conviene. Además, con qué autoridad moral un Inspector le puede reclamar a un ciudadano común que use un casco, cuando no lo usan varios funcionarios municipales de alto rango cuando conducen sus motocicletas en la ciudad o ¡¡cuando algunos inspectores de tránsito, fuera de su horario de trabajo, tampoco lo hacen… por favor!!
Lamentablemente, en este – como en otros temas – seguimos caminando con rumbo incierto, cada vez más lejano a la claridad y más en medio de las tinieblas. Los que mandan no ayudan y los de abajo, el pueblo común y corriente tampoco, ya que usa el casco sólo bajo el rigor de la amenaza de multas, poco le importa salvar su vida… así es difícil, no?
Otro tema igual de alarmante que el anterior en lo que a tránsito se refiere: considero, por lo que veo diariamente en las calles de Melo – Ud. bien sabe que es así -, que 1 cada 3 o 4 conductores de automóviles maneja hablando campantemente por su celular; este es otro aspecto preocupante que confirma que el tránsito en Cerro Largo es tierra de nadie y que a la propia gente manejar en forma segura (para ellos y los demás) no le importa nada. Le cuento que en ciudades como Buenos Aires, solamente con que lo “agarren” una vez cometiendo este acto en su vehículo… Ud. pierde la licencia!! Y a su vez, yendo a casos más cercanos, le digo que en Maldonado, si un inspector de tránsito lo “pesca” manejando y hablando por celular a la vez, tendrá una multa de $ 2.500. ¿Y en Melo? Sólo falta que lo aplaudan.
Que así no sea.
Director
Otra vez el uso del casco amerita que ocupemos este espacio de opinión haciendo referencia al mismo, como lo hicimos por última vez en la edición de febrero de 2008, un mes después que la Intendencia de Cerro Largo comenzara los estrictos controles al respecto cumpliendo con una norma nacional.
En aquel entonces, la movida a nivel popular fue general, con cientos de personas comprando cascos (de los buenos y de los otros) para cuidar su vida o para simplemente evitar la multa (opción mayoritaria). El descontento con la ley era generalizado y la discusión se remitía a la constitucionalidad de la medida, el derecho de la persona a ser quien cuida su vida conscientemente usando el casco o no… y de salvar vidas no hablaba casi nadie.
Casi dos años después, cuando parecía que a pura multa “a cara de perro” y con el aún descontento popular se había impuesto el uso del casco en buena parte de nuestra población, con la bandera de las elecciones flameando en el horizonte la Intendencia decidió “aflojar las riendas” y dejar de multar a los motociclistas únicamente por no andar de casco. ¿Las razones? El ciudadano es responsable de lo que hace y sí se lo multaría por no usar el dispositivo en casco que se lo “pesque” cometiendo otra infracción… ahí sí facturaría doble el inspector.
¿Resultados de esta “brillante” maniobra que pretende no enojar contribuyentes de cara a las elecciones de mayo? Retrocedimos los pocos casilleros que habíamos forzosamente avanzado en este par de años y quedamos no en cero, sino que más atrás, ya que ahora la credibilidad que tiene la Intendencia a la hora de controlar o multar es casi nula.
¿Por qué? Porque es totalmente inmoral que un organismo de control decida hacer cumplir las normas cuando le parece y dejar de hacerlo cuando le conviene. Además, con qué autoridad moral un Inspector le puede reclamar a un ciudadano común que use un casco, cuando no lo usan varios funcionarios municipales de alto rango cuando conducen sus motocicletas en la ciudad o ¡¡cuando algunos inspectores de tránsito, fuera de su horario de trabajo, tampoco lo hacen… por favor!!
Lamentablemente, en este – como en otros temas – seguimos caminando con rumbo incierto, cada vez más lejano a la claridad y más en medio de las tinieblas. Los que mandan no ayudan y los de abajo, el pueblo común y corriente tampoco, ya que usa el casco sólo bajo el rigor de la amenaza de multas, poco le importa salvar su vida… así es difícil, no?
Otro tema igual de alarmante que el anterior en lo que a tránsito se refiere: considero, por lo que veo diariamente en las calles de Melo – Ud. bien sabe que es así -, que 1 cada 3 o 4 conductores de automóviles maneja hablando campantemente por su celular; este es otro aspecto preocupante que confirma que el tránsito en Cerro Largo es tierra de nadie y que a la propia gente manejar en forma segura (para ellos y los demás) no le importa nada. Le cuento que en ciudades como Buenos Aires, solamente con que lo “agarren” una vez cometiendo este acto en su vehículo… Ud. pierde la licencia!! Y a su vez, yendo a casos más cercanos, le digo que en Maldonado, si un inspector de tránsito lo “pesca” manejando y hablando por celular a la vez, tendrá una multa de $ 2.500. ¿Y en Melo? Sólo falta que lo aplaudan.
Que así no sea.
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Juan Pablo Sánchez,
Tránsito
24 de febrero de 2010
La Columna del Serrano: Tierra de nadie
Por Walter Abella
Otra vez estalla la discusión pública. Las gargantas quedan rojas de gritar, los puños crispados, la voz hiriente, recorren como un estallido simultáneo, en busca de soluciones que no llegan, la atención de la gente.
El tránsito en Melo no tiene solución. Mejor dicho tiene, pero evidentemente no es esta administración Barreiro la que va a lograr reordenarlo. Todo lo contrario. Esta ha sido la encargada, durante dos gobiernos consecutivos, de alentar a los “depredadores” de siempre, habilitar el “todo vale a ley de juego”, transformar en intocables “los muchachos” que tiran los silenciadores de las motos, que juegan picadas a cualquier hora de la noche sin respetar el descanso del vecino, que ingresan a contraflecha, que no respetan los semáforos, que cubren la matrícula con un buzo o un trapo, lo que les quede más cómodo, que no llevan el casco, desafiantes, que insultan a los inspectores, porque han encontrado enfrente la debilidad de quienes son los encargados de administrar las propias normas que representan.
Hace algunos días, la dirección de tránsito estableció un comunicado público, señalando que todos los ciudadanos propietarios de automóviles que tienen domicilio en Cerro Largo, y usan matrículas de otros departamentos, tenían plazo hasta el 31 de diciembre para regularizar su situación y que a partir del 1º de enero, plazo perimido, la Intendencia iba a controlar celosamente el estado de la situación. Eso decía la dirección de tránsito de la Intendencia Municipal. El Intendente, pocas horas antes que venciera el plazo, se encargó de decir otras cosas. Alertó por radio, con el beneplácito de los que infringen las normas, que la Intendencia “no perseguiría a nadie” por esa situación. ¡Vaya respuesta! ¿O el Cnel. Barreiro puede creer que está capacitado para señalar que en una situación determinada va a perseguir a algún ciudadano, como alguna vez lo hizo? No es eso lo que debe hacer ni lo que esperamos que haga. No es que persiga, es que actúe de acuerdo al ordenamiento que él mismo acaba de votar en el Congreso de Intendentes.
Hay algunos coches en Melo que se pasean displicentemente, en las narices de todos los inspectores de tránsito, hace siglos, y lo que es peor, ante quienes pagamos la matrícula cada vez que hay que hacerlo en el departamento; como dice Tomás Lynn, el columnista de Búsqueda, transformándonos en “los nabos de siempre”, y como decía la tía julia, siguen “hondos y lirondos”, paseándose por las calles de Melo. Si la Intendencia no va a cumplir con las obligaciones que tiene, que no amenace. ¿O hay que pensar que la amenaza está dirigida a los más débiles, a los que por alguna razón fortuita hace algún tiempo escaso que transitan con algún vehículo que compraron por ocasión y que está empadronado en otro departamento y no han podido realizar el trámite correspondiente?.
La gente espera que algún día, aunque suene a utopía, se terminen los privilegiados de siempre, y que los organismos que están para hacer cumplir las leyes, no tiemblen de miedo, y se responsabilicen en el control de las mismas. Porque debería ser así, porque obligaciones y derechos reclaman que sea así. Pero sobre todo, por aquello que también decía la vieja tía: “la ley pareja no es rigurosa”.
Otra vez estalla la discusión pública. Las gargantas quedan rojas de gritar, los puños crispados, la voz hiriente, recorren como un estallido simultáneo, en busca de soluciones que no llegan, la atención de la gente.
El tránsito en Melo no tiene solución. Mejor dicho tiene, pero evidentemente no es esta administración Barreiro la que va a lograr reordenarlo. Todo lo contrario. Esta ha sido la encargada, durante dos gobiernos consecutivos, de alentar a los “depredadores” de siempre, habilitar el “todo vale a ley de juego”, transformar en intocables “los muchachos” que tiran los silenciadores de las motos, que juegan picadas a cualquier hora de la noche sin respetar el descanso del vecino, que ingresan a contraflecha, que no respetan los semáforos, que cubren la matrícula con un buzo o un trapo, lo que les quede más cómodo, que no llevan el casco, desafiantes, que insultan a los inspectores, porque han encontrado enfrente la debilidad de quienes son los encargados de administrar las propias normas que representan.
Hace algunos días, la dirección de tránsito estableció un comunicado público, señalando que todos los ciudadanos propietarios de automóviles que tienen domicilio en Cerro Largo, y usan matrículas de otros departamentos, tenían plazo hasta el 31 de diciembre para regularizar su situación y que a partir del 1º de enero, plazo perimido, la Intendencia iba a controlar celosamente el estado de la situación. Eso decía la dirección de tránsito de la Intendencia Municipal. El Intendente, pocas horas antes que venciera el plazo, se encargó de decir otras cosas. Alertó por radio, con el beneplácito de los que infringen las normas, que la Intendencia “no perseguiría a nadie” por esa situación. ¡Vaya respuesta! ¿O el Cnel. Barreiro puede creer que está capacitado para señalar que en una situación determinada va a perseguir a algún ciudadano, como alguna vez lo hizo? No es eso lo que debe hacer ni lo que esperamos que haga. No es que persiga, es que actúe de acuerdo al ordenamiento que él mismo acaba de votar en el Congreso de Intendentes.
Hay algunos coches en Melo que se pasean displicentemente, en las narices de todos los inspectores de tránsito, hace siglos, y lo que es peor, ante quienes pagamos la matrícula cada vez que hay que hacerlo en el departamento; como dice Tomás Lynn, el columnista de Búsqueda, transformándonos en “los nabos de siempre”, y como decía la tía julia, siguen “hondos y lirondos”, paseándose por las calles de Melo. Si la Intendencia no va a cumplir con las obligaciones que tiene, que no amenace. ¿O hay que pensar que la amenaza está dirigida a los más débiles, a los que por alguna razón fortuita hace algún tiempo escaso que transitan con algún vehículo que compraron por ocasión y que está empadronado en otro departamento y no han podido realizar el trámite correspondiente?.
La gente espera que algún día, aunque suene a utopía, se terminen los privilegiados de siempre, y que los organismos que están para hacer cumplir las leyes, no tiemblen de miedo, y se responsabilicen en el control de las mismas. Porque debería ser así, porque obligaciones y derechos reclaman que sea así. Pero sobre todo, por aquello que también decía la vieja tía: “la ley pareja no es rigurosa”.
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