Uruguay: la Somalía de América
Por el Dr. Tomás Sansón Corbo
Las particulares circunstancias en que el Uruguay emergió a la vida independiente y la posterior operativa patriótico-nacionalista por justificar históricamente lo injustificable[1] determinaron que la relación con su pasado y la propia naturaleza de sus referentes identitarios fueran complejas.
El ser nacional uruguayo siempre estuvo en cuestión, desde los tiempos mismos en que comenzó la operación encrática de fijar sus referentes fundacionales.
Uruguay sufre los traumas de un hijo no deseado que intuye una existencia accidental y azarosa. El no reconocimiento de nuestra paternidad inglesa, el olvido del proyecto integrador del artiguismo y haber vivido de espaldas a Latinoamérica (regocijándonos en la autocomplacencia de una ficticia excepcionalidad), son cuentas que, necesariamente debemos pagar. El fútbol incluso, tan importante en la generación de “tradiciones heroicas”[2], ha sufrido un deterioro tal que no deja de provocar perplejidad entre los fanáticos que ven una y otra vez cómo la “celeste” es eliminada de los campeonatos mundiales.
Vivimos un tiempo de fuerzas dispersivas que descomprimen y desdibujan el ser nacional tal como lo evidencian la “patria peregrina”, cada vez más grande, y la creación del “Departamento 20” (especie de Intendencia virtual para atender a los uruguayos residentes en el exterior). La construcción del “nosotros” se realizó sobre cimientos endebles que no soportan los embates de un mundo globalizado y del proyecto mercosuriano que exigen fortaleza cultural-identitaria. Uruguay no la tiene (¿alguna vez la tuvo?): en lugar de ser la “Suiza de América” muchos de sus habitantes sienten que viven en la “Somalía de América”. Las estructuras del país “hiperintegrado” se resquebrajaron y pusieron en evidencia una fragmentación socio-económica y cultural a esta altura tan irreversible como las “fracturas de la memoria” estudiadas por Viñar.
Las élites dirigentes se han mostrado incapaces y carentes de imaginación para crear nuevas ficciones orientadoras. Carecemos de utopías y, ante la endeblez de las tradiciones, ni siquiera las retropías[3] coadyuvan a la cimentación de lazos cohesionadores que fijen un imaginario, y por ende, un rumbo.
Al reflexionar sobre el futuro vienen a mi mente las palabras del historiador romano Amiano Marcelino quien, ante la irreversible decadencia del imperio romano sentenciaba: “nada queda más que lágrimas y temores; el recuerdo del pasado se hace amargo; la expectativa del futuro, todavía más triste”. Sin tentar atrevidas prognosis de difícil concreción me atrevo a augurar que el destino de este país bascula entre dos opciones que se pueden personalizar en la figuras de Bismarck y de Odoacro… alguna de ellas prevalecerá...
[1] Erigir a Artigas como “Padre de la Patria” cuando en realidad luchó por la integración de la Provincia Oriental en el seno de las Provincias Unidas del Río de la Plata. “Demostrar” que la Cruzada de los Treinta y Tres –que ni eran 33 ni eran todos orientales- tenía como propósito la independencia nacional cuando, al contrario, se trataba de liberar la Provincia del dominio de Brasil para su integración con las demás del Río de la Plata, tal como lo establecen la segunda y tercera ley del 25 de agosto de 1825. Omitir la importancia de la Convención Preliminar de Paz donde, explícitamente, en sus artículos primero y segundo, el Imperio del Brasil y el Gobierno de las Provincias Unidas, declaran al “Estado de Montevideo”, libre e independiente, todo gracias a la mediación de Inglaterra.
[2] Campeonatos olímpicos de 1924 y 1928, mundiales de 1930 y 1950 y héroes epónimos como Obdulio Varela.
[3] RICO, Álvaro, El orden de los simulacros y el orden social en la restauración democrática, en RICO, Álvaro (Compilador), Uruguay: cuentas pendientes. Dictadura, memorias y desmemorias, Montevideo, Trilce, 19
Mostrando entradas con la etiqueta Tomás Sansón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tomás Sansón. Mostrar todas las entradas
10 de marzo de 2010
25 de febrero de 2010
Reflexiones desde el Noreste: Internautas, Gardel y el dulce de leche
Historia y Nación (IV)Por el Dr. Tomás Sansón Corbo
Curiosamente, en las últimas décadas, el fervor nacionalista se exalta más con un partido de la selección de fútbol que con los actos patrióticos. En una encuesta de 1999, la consultora Cifra informó que el 56% de los encuestados no sabía qué se celebraba el 18 de julio, el 38% no lo recordaba y el 15% mencionó otro acontecimiento[1]; en el 2005 “en el programa Zona Urbana, se consultó a estudiantes universitarios y del IPA, a legisladores incluso, y muchos no sabían el significado de las fechas patrias”[2]. Las cifras son elocuentes y eximen de todo comentario.
La resignificación y problematización de los referentes identitarios tradicionales pasa no solo por los campos académico y político, sino por otros más pedestres. Nos referimos fundamentalmente- aunque no únicamente -a ciertos foros de Internet donde los internautas polemizan (de manera graciosa, irreverente y, en la mayoría de los casos, con poco fundamento) sobre algunos de los mitemas fundacionales, especialmente aquellos que se establecen por contraste con una alteridad.
Durante el 2006, en un foro titulado “Uruguay provincia argentina?!!”[3] resurgió este viejo problema. En una nueva y postmoderna modalidad de debate, se esgrimieron argumentos conocidos y personajes venerables, junto con razonamientos insólitos y fundamentaciones risibles. Unos y otros demuestran que el ser nacional uruguayo fue una construcción muy endeble.
Se debatió en torno a la “propiedad uruguaya” de ciertos “patrimonios” como Gardel, Zitarrosa, la Cumparsita, el dulce de leche, la Milonga y las excelentes playas hacia las que “rajan” los argentinos en verano porque “tienen el Río de la Plata todo podrido en Buenos Aires y tienen que tomar sol en las plazas del centro”[4]. Las respuesta a este tipo de declaraciones fueron enérgicas: “Uruguayo pata sucia... hablás giladas a más no poder, es más que sabido que lo único que hay en América es la Argentina. Ustedes son muy pobres culturalmente, directamente no tienen cultura salvo por eso del candombe (mamita... que chotada), viven de nosotros, y me parece que nos deben respeto porque les damos de comer, sin nosotros no viven. Acuérdense que los uruguayos querían ser argentinos, al no poder serlo decidieron `independizarse` antes de convertirse en brasileros. (…) que sigan los cortes de rutas así desaparecen estos sucios uruguayos”[5].
Foristas argentinos más cultos ensayaron una “defensa documentada” sobre: la nacionalidad francesa de Gardel, el origen guaraní del mate, relativizaron el mito del dulce de leche y postularon que, aunque la Cumparsita fuera uruguaya, miles de otros tangos son argentinos. No faltaron las reivindicaciones cuantitativas en torno al número de políticos, deportistas e intelectuales famosos de Argentina en relación con Uruguay, así como tampoco los miles de kilómetros de playa de una en relación al otro[6]. Estos cuestionamientos provocaron reacciones y contrarreplicas orientales “probando” que Gardel nació en Tacuarembó[7]. Algunas intervenciones destilan xenofobia: "Argentina es un país indio y pobre, con un gobierno tercermundista, que viene del peronismo fascistoide. Uruguay fue la Suiza de América, vivió aparte del imaginario regional, con una democracia ejemplar. Si los argentinos no quieren venir más, que no lo hagan. No creo que vengan por lástima, sino por las virtudes en los servicios, la seguridad, etc. allá los matan ni bien salen del barrio norte, porque están los indios hambrientos. Argentina (…) es un país pobre, indio y hasta negro (…)”[8].
En ocasiones el debate adquirió visos de erudición histórica. Hubo intervenciones conciliadoras que aludieron a que Artigas fue un héroe argentino y fundador del federalismo de ese país; también referencias al rol de Inglaterra en el nacimiento de Uruguay como “Estado-tapón”.
Etiquetas:
Historia y Nación,
Reflexiones desde el Noreste,
Tomás Sansón
24 de febrero de 2010
Reflexiones desde el Noreste: Tabaré, Julio María y los historiadores
Historia y Nación (III): Problematización y reconfiguración del imaginario nacional clásico
REFLEXIONES DESDE EL NORESTE
Por el Dr. Tomás Sansón Corbo
Junto al surgimiento de nuevos referentes identitarios que se pretenden “nacionalizar”, continúa la pugna por la apropiación de los tradicionales[1]. Diversos factores estructurales (relacionados con la endeblez de los argumentos articulados por la historia oficial para convalidar sus asertos de carácter paralitúrgico y la consiguiente fragilidad identitaria de los uruguayos) y coyunturales (derivados de la interminable polémica sobre la fecha de independencia y la inminencia de la bicentenarios del ciclo iniciado en 1811 con la gesta artiguista y culminado en 1830 con la Jura de la Constitución) plantean una resignificación de las efemérides patrias.
En el 2006 surgió una fuerte polémica cuando el Presidente Tabaré Vázquez propuso establecer una sola fecha patria, sustitutiva y unificadora de las cinco vigentes (19 de abril, 18 de mayo, 19 de junio, 18 de julio y 25 de agosto). Esta iniciativa estaría fundada en su preocupación por "un `cierto decaimiento del factor patriótico en Uruguay´ y lanzó la propuesta de juntar todas las fechas en una, al estilo de lo que ocurre en Estados Unidos con el 4 de julio o en Francia, el 14 de julio”[2].
Las reacciones fueron disímiles: el ex-presidente Julio Ma. Sanguinetti, en un documento presentado a la Comisión de Educación y Cultura del Senado, cuestionó el 25 de agosto y planteó “establecer como la fecha patria mayor el 5 o 13 de abril, días de 1813 en que se inició y terminó el Congreso de las Tres Cruces, donde José Artigas emite las Instrucciones del año XIII”[3], éste se llamaría Día de la Nacionalidad y tendría un carácter simbólico; desde tiendas blancas, y discrepando con las propuestas del colorado Sanguinetti, el excanciller Sergio Abreu consideró inoportuno cuestionar el 25 de agosto porque es una fecha consagrada por la tradición.
En la discusión terciaron los historiadores. Gerardo Caetano se manifestó proclive a cambiar el calendario y a entronizar una fecha en abril, pero bajo el término de "Día de la República" (por los valores republicanos contenidos en las Instrucciones y por lo polémico del término "nacionalidad"). José Pedro Barrán no aceptó cambios porque "modificar una tradición, y de las que refieren al nacimiento del país como nación y Estado, me parece peligroso para la nacionalidad o, por lo menos, la cuestionaría en sus fundamentos míticos"[4]. Guillermo Vázquez Franco opinó que la Provincia Oriental se independizó el 28 de agosto de 1828 cuando se rubricó la Convención Preliminar de Paz, a contrapelo de lo que era el destino natural de este territorio, formar parte de Argentina.
Finalmente, para terminar el panorama sobre las iniciativas de resignificación y reestructuración de las efemérides, vale mencionar que en el 2007 el Presidente Vázquez estableció por decreto adosar a la celebración del natalicio de Artigas (19 de junio) la conmemoración de lo que se denominó "Día del Nunca Más": “nunca más al enfrentamiento y a la violencia entre uruguayos”[5]. Las repercusiones fueron múltiples, desde las diversas tiendas políticas, asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos y de los círculos policiales y militares.
Para completar y complicar el panorama debe indicarse que en el Departamento de San José, desde comienzos del siglo XX, se celebra el 4 de octubre como el Día de la Independencia. Se evoca la ratificación de la Convención Preliminar de Paz por parte de Montevideo que tuvo lugar ese día de 1828. Para justificar esta postura los maragatos refieren la tesis de un historiador local, Vicente Caputti (1883-1939). Se trata de un acto oficial al que concurren autoridades departamentales, la banda municipal y delegaciones escolares y estudiantiles de toda la ciudad[6].
Un país que discute ad infinitum estos temas carece de las certidumbres lógicas de una nación consolidada. El Uruguay es un equívoco de la historia, esto se refleja en la celebración del 25 de agosto de 1825 como día de la independencia: la independencia proclamada en esa instancia fue de la Provincia Oriental en relación al imperio del Brasil y a cualquier otro poder extranjero; simultáneamente, se estableció la unión con las Provincias del Río de la Plata y la utilización de su pabellón.
[1] Especialmente por Artigas, que, además de su dimensión de estadista y caudillo popular, se transformó (a partir de las investigaciones de los marxistas) en un revolucionario radical protagonista de una reforma agraria. Tampoco escapó a esta operación José Batlle y Ordoñez quien es citado frecuentemente cuando se discuten, por ejemplo, nacionalizaciones o estatizaciones de servicios públicos.
[2] BARDESIO, Miguel, Polémica por nuevo calendario patrio, en El País, 1 de octubre de 2006.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] BARREIRO, Jorge, Tabaré Vázquez decretó un "nunca más" celebrado por conservadores, en Terra MAGAZINE, 23 de junio de 2008.
[6] Cf. ALVAREZ, José Luis, Defienden tesis de "verdadera" fecha de historiador Caputti, en El País, 3 de octubre de 2008.
REFLEXIONES DESDE EL NORESTE
Por el Dr. Tomás Sansón Corbo
Junto al surgimiento de nuevos referentes identitarios que se pretenden “nacionalizar”, continúa la pugna por la apropiación de los tradicionales[1]. Diversos factores estructurales (relacionados con la endeblez de los argumentos articulados por la historia oficial para convalidar sus asertos de carácter paralitúrgico y la consiguiente fragilidad identitaria de los uruguayos) y coyunturales (derivados de la interminable polémica sobre la fecha de independencia y la inminencia de la bicentenarios del ciclo iniciado en 1811 con la gesta artiguista y culminado en 1830 con la Jura de la Constitución) plantean una resignificación de las efemérides patrias.
En el 2006 surgió una fuerte polémica cuando el Presidente Tabaré Vázquez propuso establecer una sola fecha patria, sustitutiva y unificadora de las cinco vigentes (19 de abril, 18 de mayo, 19 de junio, 18 de julio y 25 de agosto). Esta iniciativa estaría fundada en su preocupación por "un `cierto decaimiento del factor patriótico en Uruguay´ y lanzó la propuesta de juntar todas las fechas en una, al estilo de lo que ocurre en Estados Unidos con el 4 de julio o en Francia, el 14 de julio”[2].
Las reacciones fueron disímiles: el ex-presidente Julio Ma. Sanguinetti, en un documento presentado a la Comisión de Educación y Cultura del Senado, cuestionó el 25 de agosto y planteó “establecer como la fecha patria mayor el 5 o 13 de abril, días de 1813 en que se inició y terminó el Congreso de las Tres Cruces, donde José Artigas emite las Instrucciones del año XIII”[3], éste se llamaría Día de la Nacionalidad y tendría un carácter simbólico; desde tiendas blancas, y discrepando con las propuestas del colorado Sanguinetti, el excanciller Sergio Abreu consideró inoportuno cuestionar el 25 de agosto porque es una fecha consagrada por la tradición.
En la discusión terciaron los historiadores. Gerardo Caetano se manifestó proclive a cambiar el calendario y a entronizar una fecha en abril, pero bajo el término de "Día de la República" (por los valores republicanos contenidos en las Instrucciones y por lo polémico del término "nacionalidad"). José Pedro Barrán no aceptó cambios porque "modificar una tradición, y de las que refieren al nacimiento del país como nación y Estado, me parece peligroso para la nacionalidad o, por lo menos, la cuestionaría en sus fundamentos míticos"[4]. Guillermo Vázquez Franco opinó que la Provincia Oriental se independizó el 28 de agosto de 1828 cuando se rubricó la Convención Preliminar de Paz, a contrapelo de lo que era el destino natural de este territorio, formar parte de Argentina.
Finalmente, para terminar el panorama sobre las iniciativas de resignificación y reestructuración de las efemérides, vale mencionar que en el 2007 el Presidente Vázquez estableció por decreto adosar a la celebración del natalicio de Artigas (19 de junio) la conmemoración de lo que se denominó "Día del Nunca Más": “nunca más al enfrentamiento y a la violencia entre uruguayos”[5]. Las repercusiones fueron múltiples, desde las diversas tiendas políticas, asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos y de los círculos policiales y militares.
Para completar y complicar el panorama debe indicarse que en el Departamento de San José, desde comienzos del siglo XX, se celebra el 4 de octubre como el Día de la Independencia. Se evoca la ratificación de la Convención Preliminar de Paz por parte de Montevideo que tuvo lugar ese día de 1828. Para justificar esta postura los maragatos refieren la tesis de un historiador local, Vicente Caputti (1883-1939). Se trata de un acto oficial al que concurren autoridades departamentales, la banda municipal y delegaciones escolares y estudiantiles de toda la ciudad[6].
Un país que discute ad infinitum estos temas carece de las certidumbres lógicas de una nación consolidada. El Uruguay es un equívoco de la historia, esto se refleja en la celebración del 25 de agosto de 1825 como día de la independencia: la independencia proclamada en esa instancia fue de la Provincia Oriental en relación al imperio del Brasil y a cualquier otro poder extranjero; simultáneamente, se estableció la unión con las Provincias del Río de la Plata y la utilización de su pabellón.
[1] Especialmente por Artigas, que, además de su dimensión de estadista y caudillo popular, se transformó (a partir de las investigaciones de los marxistas) en un revolucionario radical protagonista de una reforma agraria. Tampoco escapó a esta operación José Batlle y Ordoñez quien es citado frecuentemente cuando se discuten, por ejemplo, nacionalizaciones o estatizaciones de servicios públicos.
[2] BARDESIO, Miguel, Polémica por nuevo calendario patrio, en El País, 1 de octubre de 2006.
[3] Ibid.
[4] Ibid.
[5] BARREIRO, Jorge, Tabaré Vázquez decretó un "nunca más" celebrado por conservadores, en Terra MAGAZINE, 23 de junio de 2008.
[6] Cf. ALVAREZ, José Luis, Defienden tesis de "verdadera" fecha de historiador Caputti, en El País, 3 de octubre de 2008.
Etiquetas:
Historia y Nación,
Identidad,
Reflexiones desde el Noreste,
Tomás Sansón
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
